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miércoles, 19 de septiembre de 2007

DAN BROWN, EL HOMBRE QUE JAMÁS MINTIÓ (O AL MENOS ESO DICE ÉL).

Las referencias a obras de arte, tumbas, túneles y monumentos arquitectónicos de Roma son reales (al igual que su emplazamiento exacto). Aún hoy pueden verse.
La hermandad de los Illuminati también es real.
Esta cita me ha venido a la mente a raíz de la lectura del reciente post que el compañero Girolamo ha escrito sobre un muy interesante comentario de Paul Cézanne a su colega Vincent Van Gogh. Un comentario lleno de franqueza y sinceridad (quizás excesiva). Es precisamente esta sinceridad la que me ha llevado a pensar en la cita que encabeza este escrito. Aparece al principio de ese abominable (a mi juicio) engendro salido de la mente(?) de Dan Brown que lleva por título Ángeles y demonios (otra cita una muy semejante, si no la misma, aparece también en su posterior obra, El código da Vinci).
Yo me pregunto, cómo demonios (nunca mejor dicho) Dan Brown tiene la desfachatez de advertir eso al principio de un libro que podría aparecer en los anales de la mentira, la falsedad y la tergiversación histórica. Leyendo la novela uno llega a pensar en César Vidal como un fénix de las letras universales y en Pío Moa como un ejemplo de rigor en la investigación histórica.

Tengo que aclarar que no me parece malo que un escritor, para realizar una obra de ficción altere la realidad y la adapte a su interés. Al fin y al cabo es sólo eso, ficción. Pero lo que no es tolerable es que se advierta que todo es cierto, cuando no lo es. Y encima es peligroso (a un nivel no físico), pues hay muchas personas que por la única razón de salir en un libro (y, por ende, en uno de tanta difusión mundial) lo toman como real al cien por cien. Y luego a ver cómo les convences de que es mentira.

Como muestra, por clara y ridícula, comentaré sólo una de estas barbaridades histórico-artísticas que tanto abundan en Ángeles y demonios. Literalmente, en el capítulo 72 podemos leer:
- [...] Está en el centro, justo donde señala la línea [...] no es una escultura. Es más un... bloque [...] Un bloque de mármol incrustado en la plaza. Justo en la base del monolito [...] Y tiene esculpida la imagen de una ráfaga de viento. -Hizo una pausa-. De aire, supongo, si quiere ponerse científico.
[...]
- ¡Un relieve! - exclamó [Robert Langdon] de repente.
[...]
- [...] Esa losa de la que está hablando es el West Ponente, representa el Viento de Poniente. También se conoce como Respiro di Dio.
- ¿El aliento de Dios?

- [...] ¡Y fue tallada y colocada allí por el propio arquitecto [Bernini]!
Pues resulta que ni es un bloque de mármol (sino una losa), ni están en la base del obelisco (está a unos cuantos metros, como se ve en la fotografía) y sí, representa el viento de poniente, pero ¿el aliento de Dios? Y sobre todo, cómo pudo ser realizada por Bernini si éste falleció en 1680 y los historiadores (a menos que los mentirosos sean ellos) dicen que la colocación de estas losas en la plaza de San Pedro (ocho en total) no tuvo lugar hasta principios del siglo XIX (hacia 1817). ¿O es que el señor Brown insinúa que Bernini regresó de entre los muertos casi siglo y medio después de su muerte para realizar el enlosado de la plaza? Todo puede ser. Además, en caso de ser realmente Bernini el autor, tuvo que realizarlo cuando todavía estaba en la guardería o con una resaca de aúpa. Pues la calidad es bajísima y Bernini una de las cumbres del Arte de todos los tiempos. Señor Brown, un poco de seriedad, por favor.

Finalmente, animo a todos a comentar los fallos, disparates, barbaridades o, simplemente, mentiras que encuentren en Ángeles y demonios, El código da Vinci y en cualquier obra del infame escritor de New Hampshire (lo he buscado, no es que lo supiera a priori), tal como he hecho yo anteriormente con la losa del viento de Ponente.

viernes, 13 de julio de 2007

CRISTIANISMO PRIMITIVO

Unos meses antes de que estallase el fenómeno de El código da Vinci y los orígenes del cristianismo se pusieran de moda yo me leí la novela. Lo reconozco. Pero más por curiosidad que por creer la teoría defendida en ella. Cuando terminé saqué claramente tres conclusiones. La primera es que la novela es pésima, tanto por su nivel literario como por las tonterías que allí salen (aunque debo reconocer que se lee rápido y no aburre, lo cual me parece su única virtud). Segundo, que en la novela no había nada ni novedoso ni revolucionario, pues la teoría de la relación entre la Magdalena y Jesús y su posible descendencia, y la relación de ésta con las principales casas reales europeas tiene muchos siglos de antigüedad. Novedad cero, pues. Sin embargo, la tercera conclusión que saqué en claro sí que me ha sido provechosa: el escaso conocimiento que yo tenía sobre los primeros años del cristianismo hasta su consolidación como religión oficial del Imperio Romano (durante el siglo IV, desde Constantino hasta Teodosio).
Picado por la curiosidad (curiosidad por aprender, ante todo) decidí empezar a leer sobre el tema y comencé precisamente por el "enemigo", es decir, el libro que literalmente había "plagiado" Dan Brown para El código... y que llevó a dos de sus autores a enfrentarse con Brown en los tribunales. El libro en cuestión es El enigma sagrado, de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln. Más de lo mismo, pero en lugar de novela, un ensayo "histórico".
No obstante, el tema seguía interesándome y en la sección de libros de una revista de divulgación histórica (no recuerdo cual) vi la publicación de un libro llamado Guía para entender el Nuevo Testamento, de un tal Antonio Piñero. El nombre me sonaba de algo. Era ese señor al que en ciertas ocasiones recurría Íker Jiménez para hablar de cristianismo primitivo.
Desde entonces Antonio Piñero se ha convertido en mi referente para ir aprendiendo sobre esos años un tanto "oscuros" de la religión cristiana, en los que no había una doctrina oficial y convivían más o menos pacíficamente (al menos en un principio) diversos modos de ver la nueva doctrina organizada alrededor de un hebreo que vivió y murió en Palestina hace aproximadamente 2000 años. Para Piñero, la existencia histórica de Jesús no puede ponerse en duda, aunque lo que se conoce de él ha sido manipulado por sus seguidores voluntaria o involuntariamente, por lo que una cosa es el Jesús histórico (del que poco se conoce) y otra el Jesús del Nuevo Testamento y de los textos apócrifos (es decir, el "oficial").
Actualmente, estoy leyendo Jesús. La vida oculta, según los Evangelios rechazados por la Iglesia, un interesante estudio de lo que fue la vida de Jesús antes de emprender su vida pública. Para este período los textos canónicos son insuficientes, pues tan apenas nos revelan datos interesantes, por lo que hay que remitirse a los textos apócrifos y gnósticos. Y esto es precisamente lo que realiza Antonio Piñero en este libro.
En definitiva, todo este rollo que he soltado en los párrafos anteriores es simplemente para recomendar a todos aquellos que sientan curiosidad por conocer el cristianismo primitivo (y cualquier tema en general, claro está) que acudan a lecturas serias y fiables (como el profesor Piñero, por ejemplo), y se alejen lo máximo (al menos en un principio) de todo ese grupo de pseudohistoriadores e iluminados que, unos buscando notoriedad y otros dinero, no dudan en falsear la realidad y darnos visiones sesgadas y parciales de la Historia. No obstante, una vez hayamos adquirido un nivel suficiente para distinguir unos y otros, es recomendable también visitar esas otras "fuentes" (aunque yo hiciera el camino a la inversa).
Recomiendo, finalmente, el blog personal de Antonio Piñero.

lunes, 28 de mayo de 2007

EL “MISTERIOSO” GESTO DE JUAN.

Como siempre, el amigo Girolamo es muy apropiado en sus aportaciones. Entro en el blog después de varios días (de abandono, lo reconozco) y me encuentro con una breve profecía realizada por el pintor italiano Leonardo da Vinci. Qué casualidad, pienso, pues actualmente estoy leyendo un libro sobre claves ocultas y simbología hermética en el Arte que lleva el sugerente título de Ars Secreta, de Javier García Blanco. Entre otras muchas temas, dedica un capítulo a Leonardo y a las, a menudo, descabelladas teorías alrededor de su persona. En el capítulo que acabo de leer (¿casualidad?) desmonta las teorías defendidas en El código Da Vinci y panfletos por el estilo acerca del genial pintor toscano, y una de cosas de las que se ocupa es del conocido como "gesto de Juan", que aparece en numerosas obras suyas. Pero mejor que se explique el propio García Blanco, por lo que paso a reproducir un extracto del texto (páginas 248 a 251):

Los autores de La revelación de los templarios, Pinknett y Prince, fueron utilizados por Brown […] como fuente de algunas de las ideas representadas en El código Da Vinci […] destacan además otros supuestos elementos misteriosos en muchas de las obras de Leonardo: lo que se ha venido en llamar el “gesto de Juan”, en el que el Bautista –y otros personajes– alza la mano derecha con el dedo índice extendido […] este gesto estaría indicando una especie de señal de advertencia, un “acuérdate de Juan”.
[…] proponen que […] habría utilizado este símbolo para ocultar sus creencias heréticas […] destacan que este dedo apunta en ocasiones al rostro e Jesús, como si fuera un recuerdo del injusto martirio del Bautista […] que según ellos Jesús podía haber evitado.
Según esta hipótesis –para la que no aportan ninguna evidencia–, Leonardo pertenecería a una corriente herética que reivindicaría la mayor importancia de Juan el Bautista frente a Jesús, una idea al parecer defendida por algunas sectas de los primeros tiempos del cristianismo, como simoniacos o dositeos.
Estas doctrinas […] habrían sido descubiertas por los templarios durante su estancia en Tierra Santa, y más tarde heredadas por los masones, quienes profesaban una especial devoción a san Juan. De este modo, varias obras de Leonardo, como La Adoración de los Reyes Magos, La Virgen de las Rocas (la primera versión), algunas representaciones del Bautista, así como uno de los personajes de La Última Cena, mostrarían este “gesto de Juan”, en alusión a tales grupos y herejías.
En realidad, nada de lo dicho hasta ahora es correcto. En primer lugar […] la devoción de los masones por san Juan procede de los collegia romanos [agrupaciones de constructores], que veneraban al dios Jano, costumbre que más tarde heredaron los constructores medievales bajo la apariencia de los “dos Juanes”, y que de allí pasó a la masonería.
En segundo lugar, la supuesta iconografía herética del gesto de Juan era más que habitual, y no fue algo único de Leonardo […] tiene un significado mucho más convencional.
[…] los artistas que pretendían trasmitir un mensaje tenían que valerse de diversas “artimañas” para hacer entender con éxito lo que deseaban.
Uno de los mecanismos […] eran las expresiones y los gestos. Incluso cuando los rostros no mostraban expresiones concretas, las manos y los brazos, con sus diversas posiciones, podían trasmitir ideas y conceptos.
[…] la mano se convirtió en un símbolo fundamental para trasmitir mensajes, y el dedo índice extendido fue de una importancia capital. […] Ángel del Campo Francés y Juan José González Reglero [“En torno al lenguaje del dedo índice en la iconografía del Bautista”, Cuadernos de Arte e iconografía, tomo IV, núm. 7, 1991]: “Existe una gran cantidad de composiciones, pictóricas y escultóricas, en las que personajes tienen el dedo índice dirigido hacia las alturas, denotando que el mensaje, bien está por encima o se escapa de lo terrenal, y pasa a ser utilizado por la divinidad para la transmisión de su palabra”.
Así, abundan las representaciones en las que diversos personajes utilizan el dedo índice extendido para transmitir la importancia de su palabra. Un ejemplo es Bo[t]ticelli en La calumnia (1495), […] Andrea Pisano en la puerta sur del baptisterio de Florencia […] una pintura de Lorenzo Salimbeni en iglesia de San Juan de Urbino. […]
Vemos, por tanto, que no hay anda herético en el “gesto de Juan”. Se trata, en definitiva, de un símbolo de que su mensaje –recordemos que es el Precursor–, procede de lo más alto. A no ser, claro está, que prefiramos creer que decenas de artistas que utilizaron este gesto eran también herejes como Leonardo.

Pues todo queda claro y no tengo nada más que añadir.