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miércoles, 2 de abril de 2008

¿FUE HITLER UN AGENTE BRITÁNICO?

Este rompedor título lleva un pequeño artículo publicado en el último número de la revista Más allá de la Ciencia (nº 230, pág. 10). Al leer el encabezado ya me dije que esto era un despropósito, aunque al leer el artículo entero cambió mi opinión. No era un despropósito. Es una auténtica burrada. Y lo más gracioso es que ni el propio periodista (Frank G. Rubio) parece creerse lo que cuenta y deja bien claro que estas barbaridades no son obra suya, sino que aparecen en el libro Hitler was a British Agent, de Gregg Hallet y The Spymaster.

Pero mejor, que podáis leer el texto íntegro:

Eso afirman Gregg Hallet y The Spymaster en el libro Hitler was a british Agent (Hitler fue un agente británico): Adolf Hitler fue un agente británico que logró escapar de Berlín en 1945. Basan parte de su historia en las Memorias escritas por Bridget Hitler, cuñada del dictador. La obra sostiene que el Führer estuvo en Inglaterra, concretamente en Liverpool, entre 1912 y 1913. Allí, en el Instituto Tavistock de Londres, dedicado a la guerra psicológica, fue sometido a un lavado de cerebro convertido en un agente doble –cuentan-, iniciando una exitosa carrera que le llevó a cumplir los designios de sus maestros, los Illuminati. Tras su derrota, escapó en 1945 de Berlín dejando atrás el cadáver de un doble. Murió –siempre según la versión de este libro- en Barcelona en 1950 a causa de un cáncer de estómago.

Como descubrimiento histórico, la verdad es que esta idea no tiene ni pies ni cabeza, pero como idea para una novela pseudohistórica podría tener futuro y no digamos como guión de un blockbuster hollywoodiense: un agente que, dejando su feliz vida, se infiltra entre los malos y se mete tanto en su papel que hasta se lo cree y se convierte en el más malo de los malos, pero, como en el fondo es de los buenos, al final se salva; aderezado con una secta malvada que lava el cerebro a jóvenes inocentes para realizar sus planes (en este caso la inexistente secta de los illuminati, que me hace recordar [a mi pesar] a Dan Brown y su Ángeles y demonios); con una gran guerra como telón de fondo…; y unos toques (mínimos, pero efectivos) de Historia, que le dan verosimilitud para la mayoría de las personas…

Sin embargo, una cosa sí que tengo que aclarar. Y, curiosamente podría ser una historia paralela a la contada anteriormente. Adolf Hitler sí que trabajó como espía militar, pero para el gobierno alemán de la República de Weimar (y no del británico), desde julio de 1919 (y no desde 1912 0 1913, puesto que en esas fechas malvivía en Viena ganándose la vida como pintor y en 1913 se trasladó a Munich para escapar del servicio militar) y para espiar a un nuevo partido extremista que acababa de aparecer en Alemania. El Partido Obrero Alemán (Deutsche Arbeiterpartei), que creían de filiación comunista. Sin embargo, el joven Hitler, al entrar en contacto con el grupo vio que se trataba de un partido nacionalista de extrema derecha y quedó fascinado por el discurso desplegado por sus líderes (en particular Dietrich Eckart) y entró a formar parte activa del grupo, del que no tardaría en hacerse líder y cambiarle el nombre por Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, NSDAP). Y el resto es Historia (con su muerte, real o de un doble, en el bunker de Berlín el 30 de abril de 1945).

Y, para finalizar, una reflexión. ¿Quién demonios es The Spymaster? Se supone que es uno de los dos autores del libro de marras, pero ¿qué credibilidad puede tener un historiador que se se hace llamar así?

miércoles, 19 de septiembre de 2007

DAN BROWN, EL HOMBRE QUE JAMÁS MINTIÓ (O AL MENOS ESO DICE ÉL).

Las referencias a obras de arte, tumbas, túneles y monumentos arquitectónicos de Roma son reales (al igual que su emplazamiento exacto). Aún hoy pueden verse.
La hermandad de los Illuminati también es real.
Esta cita me ha venido a la mente a raíz de la lectura del reciente post que el compañero Girolamo ha escrito sobre un muy interesante comentario de Paul Cézanne a su colega Vincent Van Gogh. Un comentario lleno de franqueza y sinceridad (quizás excesiva). Es precisamente esta sinceridad la que me ha llevado a pensar en la cita que encabeza este escrito. Aparece al principio de ese abominable (a mi juicio) engendro salido de la mente(?) de Dan Brown que lleva por título Ángeles y demonios (otra cita una muy semejante, si no la misma, aparece también en su posterior obra, El código da Vinci).
Yo me pregunto, cómo demonios (nunca mejor dicho) Dan Brown tiene la desfachatez de advertir eso al principio de un libro que podría aparecer en los anales de la mentira, la falsedad y la tergiversación histórica. Leyendo la novela uno llega a pensar en César Vidal como un fénix de las letras universales y en Pío Moa como un ejemplo de rigor en la investigación histórica.

Tengo que aclarar que no me parece malo que un escritor, para realizar una obra de ficción altere la realidad y la adapte a su interés. Al fin y al cabo es sólo eso, ficción. Pero lo que no es tolerable es que se advierta que todo es cierto, cuando no lo es. Y encima es peligroso (a un nivel no físico), pues hay muchas personas que por la única razón de salir en un libro (y, por ende, en uno de tanta difusión mundial) lo toman como real al cien por cien. Y luego a ver cómo les convences de que es mentira.

Como muestra, por clara y ridícula, comentaré sólo una de estas barbaridades histórico-artísticas que tanto abundan en Ángeles y demonios. Literalmente, en el capítulo 72 podemos leer:
- [...] Está en el centro, justo donde señala la línea [...] no es una escultura. Es más un... bloque [...] Un bloque de mármol incrustado en la plaza. Justo en la base del monolito [...] Y tiene esculpida la imagen de una ráfaga de viento. -Hizo una pausa-. De aire, supongo, si quiere ponerse científico.
[...]
- ¡Un relieve! - exclamó [Robert Langdon] de repente.
[...]
- [...] Esa losa de la que está hablando es el West Ponente, representa el Viento de Poniente. También se conoce como Respiro di Dio.
- ¿El aliento de Dios?

- [...] ¡Y fue tallada y colocada allí por el propio arquitecto [Bernini]!
Pues resulta que ni es un bloque de mármol (sino una losa), ni están en la base del obelisco (está a unos cuantos metros, como se ve en la fotografía) y sí, representa el viento de poniente, pero ¿el aliento de Dios? Y sobre todo, cómo pudo ser realizada por Bernini si éste falleció en 1680 y los historiadores (a menos que los mentirosos sean ellos) dicen que la colocación de estas losas en la plaza de San Pedro (ocho en total) no tuvo lugar hasta principios del siglo XIX (hacia 1817). ¿O es que el señor Brown insinúa que Bernini regresó de entre los muertos casi siglo y medio después de su muerte para realizar el enlosado de la plaza? Todo puede ser. Además, en caso de ser realmente Bernini el autor, tuvo que realizarlo cuando todavía estaba en la guardería o con una resaca de aúpa. Pues la calidad es bajísima y Bernini una de las cumbres del Arte de todos los tiempos. Señor Brown, un poco de seriedad, por favor.

Finalmente, animo a todos a comentar los fallos, disparates, barbaridades o, simplemente, mentiras que encuentren en Ángeles y demonios, El código da Vinci y en cualquier obra del infame escritor de New Hampshire (lo he buscado, no es que lo supiera a priori), tal como he hecho yo anteriormente con la losa del viento de Ponente.

lunes, 2 de julio de 2007

YO CONFIESO

Hoy tengo la desagradable tarea de realizar una confesión: ésa y no otra es la razón que me lleva a escribir este post. No lo hago del todo voluntariamente, lo reconozco, sino más bien chantajeado por un judas que dice ser mi amigo... (se lo perdono porque suele invitar él cuando vamos desataos de cañas, que si no…). En fin, que espero que en caso de que exista el Paraíso o el Valhala o el Jardín de Alá o los Campos Elíseos o la Nada o el Uno o el Mundo Arquetípico de las Ideas o lo que sea, esta muestra de valentía y contrición desgrave y me lleve una alegría extra como bienaventurado de pro.

Allá voy: se da el caso de que en mi más tierna juventud y llevado por mi intachable amor filial, pensé en regalarle a mi padre uno de esos utensilios del intelecto denominados libros. Procedí con irresponsable e indocumentada alegría a seleccionar pizpiretamente un tomo considerable que trataba sobre la Guerra Civil (la nuestra, la del 36…), sabiendo como sabía que dicha materia sería del agrado del pater familias. Pero parece que ese día tenía mis estrellas y mis planetas menos conjuntados que el vestuario de Mágnum, porque el ladrillo que agarré era ni más ni menos que Los mitos de la Guerra Civil, de un señor que entonces desconocía completamente llamado Pío Moa.

…En realidad ésa era mi única excusa, que no lo conocía. Supongo que me hizo gracia que existiera alguien con un nombre artístico tan económico y breve (… nunca seis letras tan bien repartidas en cuatro sílabas y dos palabras dieron para tanto…); además, tenía nombre de ídolo de alguna isla de Micronesia o algo así. Luego le vi ese careto enjundioso y ese gesto adusto en la foto de la solapa, amén de la boina, y pensé en lo que hubiera dicho Della Porta, destacado difusor de la ciencia de la fisiognomía, analizando semejante rostro: un individuo braquicefalado asaz intrépido y audaz, generoso y de criterio noble, con párpados que denotaban coquetería encantadora y las cejas vigorosas de un hombre talentudo, cejas de medio punto… también estaba claro que era más feo que un concurso de imitadores del Fary, pero en literatura eso suele ser indicativo, las más de las veces, de brillantez (…cosa que este hombre sólo tiene en la calva, y eso según la luz… ); y además con ese bigotillo nebuloso y enmarañado (ahora que caigo, parece una descripción de su pensamiento… ); en realidad, parece un bigote de pega… un momento, ahora que me doy cuenta, también las cejas parecen falsas (de hecho están como pintadas con rotulador de punta gorda… ), y esos ojillos pequeños, redonditos, dispares, como sacados de un tebeo de Anacleto… he llegado a preguntarme si es cierto que un tío llamado Pío Moa y con esa jeta carnavalera existe realmente o es sólo URDACI disfrazado.

Es lo que Heiddegger describiría como “viva imagen del olvido del Ser” y Mortadelo como un “tipejo con cara de besugo”. En realidad, es igualito que Sir Tim O’Theo pero sin su distinción, claro; juzguen ustedes mismos:

No es mi intención insultar a Sir Tim O'Theo, cuya lectura es un millón de veces más estimulante que la de P.M., sin lugar a dudas...

…Encima me entero de que el menda fue terrorista en sus tiempos mozos: ¡como para creer en las medidas de reinserción en este país!!!... ¡encierras a un terrorista inofensivo y te lo convierten en esto!...¡gensanta!!!

…¡Ah!, y al parecer, no para de citar a Montesquieu, que si Montesquieu por aquí, que si Montesquieu por allá, que si Montesquieu dice que no sé qué… yo creo que si el bueno de Charles levantara la cabeza y leyera las soplapolleces que va diciendo de él le metería la boina por el culo hasta la campanilla.

Sé que estoy recurriendo en exceso a la descalificación gratuita, pero… ¡es que me sienta muy bien, no puedo parar! En fin, que discúlpenme si me desahogo en este blog; si no dejo de meterme con él aquí es porque en el suyo hay que pagar para opinar… ¡encima eso!!!

De haber sido consciente de lo que tenía entre manos, hubiese preferido regalarle a mi padre un disco de Georgie Dann o un manual en sánscrito para la cría del higo chumbo. Pero ya no se puede dar marcha atrás. Ahora estoy avergonzado porque sé que eso no se le regala a la sangre de mi sangre, recórcholis. Me pongo en su lugar y pienso que si mi hijo, el futuro báculo de mi vejez, me regalara algún día algo así, me suicidaría a ostias.

Bueno, yo ya he cumplido: contrito quedo y recogido el guante está. Ahora le toca a uno que yo me sé…

martes, 5 de junio de 2007

EL MANUSCRITO VOYNICH

El manuscrito Voynich es un misterioso libro ilustrado de contenidos desconocidos, escrito hace unos 500 años por un autor anónimo en un alfabeto no identificado y un idioma incomprensible, el denominado voynichés.
A lo largo de su existencia constatada, el manuscrito ha sido objeto de intensos estudios por numerosos criptógrafos profesionales y aficionados, incluyendo destacados especialistas estadounidenses y británicos en descifrados de la Segunda Guerra Mundial. Ninguno consiguió descifrar una sola palabra. Esta sucesión de fracasos ha convertido al manuscrito en el Santo Grial de la criptografía histórica; pero ha alimentado también la teoría de que el libro no es más que un elaborado engaño, una secuencia de símbolos al azar sin sentido alguno.
El nombre del manuscrito se debe al especialista en libros antiguos Wilfrid M. Voynich, quien lo adquirió en 1912. Actualmente está catalogado como el ítem MS 408 en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale.
El libro tiene alrededor de 240 páginas de pergamino, con vacíos en la numeración de las mismas, lo que sugiere que varias páginas se habían extraviado ya antes de su compra por Voynich. Se utilizó pluma de ave para escribir el texto y dibujar las figuras con pintura de colores; según se puede apreciar, el texto es posterior a las figuras, ya que en numerosas ocasiones el texto aparece tocando el borde de las imágenes, algo que no ocurriría si éstas hubiesen sido añadidas a posteriori.
Las ilustraciones del manuscrito no aclaran los contenidos del texto pero denotan que el libro consta de seis "secciones", con diferente materia y estilo. Exceptuando la última sección, que contiene únicamente texto, casi la totalidad de las páginas contienen al menos una ilustración. Las secciones y sus nombres convencionales son: Herbario (plantas y algunos párrafos de texto), Astronómica (diagramas circulares, algunos de ellos con soles, lunas y estrellas, lo que sugiere que trata de astronomía o astrología), Biológica (texto denso y continuo con figuras de pequeñas mujeres desnudas tomando baños en balnearios públicos o tinas interconectadas por una elaborada red de tuberías, algunas de ellas claramente en forma de órganos del cuerpo), Cosmológica (diagramas circulares de naturaleza desconocida), Farmacéutica (dibujos con leyendas de partes de plantas aisladas, objetos similares a jarras farmacéuticas a lo largo de los márgenes y algunos párrafos de texto) y Recetas (párrafos cortos, cada uno marcado con una "viñeta" en forma de flor (o estrella) que hacen pensar en una serie de órdenes, pasos o instrucciones para elaborar algo, presumiblemente un producto químico o alquímico).
El texto fue claramente escrito de izquierda a derecha, con un margen derecho desigual. Las secciones más largas se encuentran partidas en párrafos, a menudo con "viñetas" en el margen izquierdo. No hay evidencia de signos de puntuación. El texto es fluido, como si el escriba entendiera lo que estaba escribiendo mientras lo hacía; el manuscrito no da la impresión de que cada carácter haya tenido que ser calculado antes de ser escrito en la página.
El texto consiste de más de 170.000 glifos, normalmente separados unos de otros por pequeños espacios. La mayoría de los glifos están escritos con uno o dos trazos simples. Considerando que existen disputas sobre si ciertos glifos son distintos o no, se calcula que el alfabeto entero consta de entre 20 y 30 glifos totales para casi todo el texto, con raras excepciones de algunas docenas de caracteres "extraños", encontrados una o dos veces en todo el texto.
Los espacios más anchos dividen el texto en alrededor de 35.000 "palabras" de longitud variada. Estas parecen seguir una cierta fonética o reglas ortográficas de cierto tipo; por ejemplo, algunos caracteres deben aparecer en cada palabra, algunos caracteres nunca siguen a otros, algunos pueden ser dobles pero otros no.
El análisis estadístico del texto reveló patrones similares a los de lenguajes naturales. Por ejemplo, la frecuencia de palabras sigue la Ley de Zipf y la entropía es similar a aquella de textos en latín. Algunas palabras aparecen exclusivamente en ciertas secciones, o sólo en algunas páginas; otras son frecuentes en todo el manuscrito. Existen muy pocas repeticiones entre las miles de "leyendas" adjuntas a las ilustraciones.
Por otro lado, el "idioma" del manuscrito Voynich, el voynichés, es distinto de los idiomas europeos en varios aspectos. En particular no existen palabras con más de 10 "letras". Además, la distribución de letras dentro de una palabra es algo peculiar: algunos caracteres aparecen solamente al principio de una palabra, otros solamente al final y algunos siempre en el medio.
El texto parece ser más repetitivo que los típicos idiomas europeos; existen secuencias en las cuales la misma palabra común aparece hasta tres veces consecutivas.
Se atribuye a los primeros propietarios reales del manuscrito la creencia de su autoría por parte de Roger Bacon (1214-1294). El manuscrito presenta notables parecidos con una obra del autor inglés Anthony Ascham, "A Little Herbal" (Un pequeño herbario), publicada en 1550.
Los primeros propietarios teóricos del manuscrito habrían sido Rodolfo II de Bohemia (1552-1612) y Jacobus Horcicky de Tepenecz (que lo poseería entre 1612 y 1622), quien a su vez se lo pasaría a Georgius Barschius (quien en teoría lo tendría entre 1622-1665). De este último personaje no se tienen noticias más que por unas cartas posiblemente escritas por Johannes Marcus Marci (poseedor del libro en 1665), dirigidas a Athanasius Kircher.
Permanecería en manos de Athanasius Kircher desde 1665 hasta 1680, sin que pudiera descifrarlo, pasando a la biblioteca del Collegio Romano (actualmente la Universidad Pontificia Gregoriana) hasta 1912, momento en el que lo compraría Wilfrid M. Voynich (entre 1912 y 1930) para pasar posteriormente a su viuda, Ethel Boole Voynich (entre 1930 y 1961), a Hans Peter Kraus (entre 1961 y 1969), el cual lo cedió a la Universidad de Yale.
Las extrañas características del texto del manuscrito (tales como las palabras duplicadas o triplicadas) y el contenido sospechoso de sus ilustraciones (tales como las plantas quiméricas) han llevado a muchos a pensar que el manuscrito es en realidad un engaño. En 2003 el especialista en computación doctor Gordon Rugg mostró que se podía reproducir texto con características similares a las del que contiene el manuscrito, mediante el uso de una tabla con prefijos, raíces y sufijos, que habrían sido seleccionados y combinados por medio de una plantilla de papel perforado. Este mecanismo, conocido como rejilla de Cardano, se inventó hacia 1550 como herramienta criptográfica. Sin embargo los pseudotextos generados en los experimentos de Gordon Rugg no tienen las mismas palabras y frecuencias que el manuscrito Voynich, y su parecido al "Voynichés" es sólo visual, no cuantitativo. Puesto que también se puede producir un galimatías aleatorio que se parezca al español (o a cualquier otra lengua) en una medida similar, estos experimentos no son convincentes ni demuestran nada.
Artículo completo publicado en Wikipedia.