miércoles, 26 de diciembre de 2007

¿QUIÉN ESCRIBIÓ LAS OBRAS DE WILLIAM SHAKESPEARE?

Del escritor en lengua inglesa más famoso de todos los tiempos se sabe muy poco. Su vida y su obra han sido pasto de todo tipo de elucubraciones, desde una supuesta relación homosexual con Henry Wriothesley, conde de Southampton, hasta la atribución de su vasta producción literaria a otros autores. De esto último nos ocuparemos a continuación.

De todos modos, la inmensa mayoría de historiadores y filólogos defiende contra viento y marea la existencia real de William Shakespeare (1564-1616) y su verdadera autoría sobre todas sus obras.

La primera duda sobre la autenticidad de William Shakespeare como único autor de su magna obra sugirió en 1728, cuando un tal capitán Goulding publicó Ensayo contra demasiada lectura. Allí sugería esta voz crítica que el escritor, dada su formación común, quizá se habría servido en la sombra de un estudioso para auxiliarlo en los detalles eruditos de sus tragedias históricas. Desde entonces se han barajado numerosas teorías que atribuyen a distintas personalidades el repertorio shakesperiano.


A FAVOR

EN CONTRA

Isabel I de Inglaterra
(1533-1603)


La idea de que fue Isabel I la verdadera autora de la obra shakesperiana la desarrolló George Elliot Sweet en 1956, en su libro Shakespeare, el misterio. Para el autor, así lo sugieren la gran inteligencia de la Soberana, su vasta cultura, su necesidad de propaganda literaria y la inconveniencia de firmar títulos de ficción con su propio nombre.

La reina murió antes del estreno de muchos de los trabajos shakesperianos más emblemáticos. Además, por su posición, resultaba imposible que tuviera tiempo libre para escribir las laboriosas tragedias y comedias del Gran Bardo. Tampoco convence el estilo cortesano de las obras como argumento para endosar su elegancia a la misma soberana.

Sir Francis Bacon
(1561-1626)

Una de las hipótesis más sólidas y la más antigua, surgida ya en 1785. En su defensa: la contemporaneidad de los trabajos shakesperianos, la amplísima cultura de Bacon, su facilidad de escritura, sus variados intereses intelectuales y su posición destacada dentro de la corte inglesa.

Diversas figuras históricas han apoyado esta teoría, desde los estadistas lord Palmerston y Otto von Bismarck a los escritores Samuel Taylor Coleridge, Ralph Waldo Emerson y Mark Twain. Sin embargo, cuesta imaginar que un hombre tan ajetreado por labores políticas, filosóficas y científicas se dedicara a desarrollar la enorme obra shakesperiana. Y lo más importante: Bacon firmó con su nombre sus intentos literarios.

Lord Edward de Vere,
conde de Oxford
(1550-1604)

Teoría desarrollada desde los años 20 del pasado siglo, avalada por autores como Looney y Ogburn. Menos notorio que las personalidades anteriores, De Vere tenía los contactos aristocráticos y el talento artístico para ser un Shakespeare. Incluso demostró en varias ocasiones su desapego a la celebridad y el dinero: no le habría importado escribir bajo pseudónimo. Esto, además, le hubiera permitido seguir cobrando de la Corona una renta de 1.000 libras anuales. Sigmund Freud respaldó esta teoría nacida en 1920, una de las más plausibles.

El conde murió antes del estreno o la publicación de los trabajos shakesperianos de madurez. Además, vendió algunos de los títulos que compuso para los Lord’s Chamberlain’s Men, la compañía de Shakespeare. O sea, era un colega suyo, no el autor mismo. ¿Por qué habría de firmar sus mejores obras con pseudónimo si ya cobraba públicamente de la misma empresa por piezas más mediocres? Y su desinterés por el dinero no sería tal si le preocupaba perder la pensión real.

Christopher Marlowe
(1564-1593)

Considerado el padre del verso blanco en inglés y de la tragedia histórica isabelina, desde 1800 se sospecha que este autor fingió su propia muerte para continuar en el anonimato sus labores literarias y de espionaje para el servicio secreto británico. Hay fuertes coincidencias de estilo entreMarlowe y Shakespeare. Además, de que el segundo comenzó a descollar tras la desaparición del primero, un escritor insigne por mérito propio.

Los contemporáneos de Marlowe aseguran que no eran precisamente un hombre modesto. Tan brillante como fanfarrón, sus alardes sexuales, su bravuconería y sus borracheras hicieron peligrar más de una vez la clandestinidad en que debía mantener su trabajo para el servicio secreto. Resulta difícil que un personaje de estas características se hubiera resistido a reclamar para sí la fama y la prosperidad alcanzada en el teatro por Shakespeare.

Un colectivo de intelectuales contemporáneos

Un grupo de hombres notables que trabajaran coordinados (Christopher Marlowe, Francis Bacon, Edward de Vere, Robert Greene, George Peele, Samuel Daniel, Thomas Nashe, Thomas Lodge, Michael Drayton y Thomas Dekker) explicaría la calidad constante, la prolijidad abrumadora, la multitud de personajes tan diversos como bien perfilados y otros rasgos sorprendentes del canon shakesperiano. Esta idea se promociona a partir de 1892.

La tesis del colegio de genios isabelinos y jacobinos hace aguas en cuanto a la homogeneidad del estilo, la complicación de armonizar con naturalidad a talentos tan variados, la coherencia ideológica y otras claves presentes en los trabajos de Shakespeare.


Cronología de las dudas sobre la autoría de Shakespeare (en inglés) AQUÍ.

Pero he querido dejar para el final las dos teorías más rocambolescas y disparatadas. Y además, son de las que hacen Patria. La primera defiende que Shakespeare en realidad era un judío sefardí (de origen español) llamado Santiago Pérez, que en Inglaterra fue rebautizado como Jacques Peres y de ahí, por deformación fonética, en Shakespeare. A quien se le ocurrió esto, por lo menos imaginación no le falta.

La segunda bizarro-teoría (neologismo de de invención propia) defiende que William Shakespeare y Miguel de Cervantes son la misma persona. Eso mismo. No estás leyendo mal. Ni mi juicio se ha nublado. Esa teoría existe y hay personajes que lo defienden. Argumentos: son los dos máximos representantes de la literatura mundial (cada uno en su lengua, claro); murieron el mismo día, el 23 de abril de 1616 (falso, pues el calendario inglés de la época iba con 10 días de retraso respecto al usado en Castilla); no se conoce con exactitud dónde está enterrado Cervantes; no hay testigos ni menciones directas de nadie que haya asistido a su entierro; Shakespeare conocía e incluso leyó El Quijote (obra que le inspiró en la realización de la inédita Cardenio)... Argumentos todos de "gran peso".

Los dos genios juntitos.

La teoría Cervantes-Shakespeare más ampliada:

http://apostillasnotas.blogspot.com
http://rafaminu.blogspot.com

En definitiva, vemos que hasta la más sesuda literatura puede ser objeto de las más disparatadas teorías, proviniendo algunas incluso de verdaderos pesos pesados de la Historia, como Freud o Mark Twain o Bismarck.

5 comentarios:

vesper dijo...

¡Alucinante! Así que el origen de todas estas teorías es explicar la causa de la extraordinaria fecundidad de Shakespeare y de la calidad única de su obra a pesar de ello... y hay un cerebro privilegiado que lo soluciona endosándole también, por si fuera poco, la obra de Cervantes. Vamos, que como no tenía bastante con la poesía y el teatro, a ratos perdidos escribió El Quijote porque se aburría.

Ahí va, actualizada, la pregunta del millón: ¿Alguien sabe quién ha escrito realmente los libros de César Vidal?

Anónimo dijo...

Yo sí que lo sé. El autor de las obras de César Vidal es William Shakespeare, que como a él le escriben las obras tiene tiempo libre para escribir los libros de César Vidal.

Kelpie dijo...

Agradecida estoy por tu visita. En este mundo no todo es tan oscuro ni tan brillante, no soy partidaria de la perfección pues siempre hay defectos y virtudes. Visitaré en más ocasiones tu morada pues parece interesantes las informaciones. De nuevo gracias y saludos desde las tinieblas.

noctambulus dijo...

Hola a tod@s, es sorprendente todos los que quieren subirse al carro de la fama, cuanto mas nombre tiene el autor, mas gente sale reivindicando la autoria de sus obras después de muerto, pues independientemente de todo el autor es el que plasma su firma y si en vida eran suyas después también, muy bueno el tema como siempre saludos y adeusiau

Anónimo dijo...

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