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viernes, 12 de octubre de 2007

LOS YOKAI (II): EL KAPPA.

Como dije en el primer post sobre los yokais, iré presentando poco a poco a los más conocidos de entre estos diablos japoneses. En primer lugar, conoceremos a uno de los más populares: el kappa (también conocido como gataro, kawako y kawataro). Aunque se trata de un bakemono o fantasma, también se le considera un animal criptozoológico, pues, al igual que con el yeti (por citar un ejemplo), no son pocas las veces que se ha afirmado que alguien ha divisado (o incluso atrapado) un kappa.

Dibujo del kappa presuntamente capturado en Chiba, cerca de Tokio (1801).

Los kappa viven en los ríos, lagos y pantanos de Japón y tienen el aspecto de humanoides del tamaño de un niño, cuyo cuerpo presenta rasgos de rana (ventosas con las que se desliza), pato (tiene pico) y tortuga (caparazón en la espalda). Su hábitat natural, como ya hemos dicho, son las aguas dulces japonesas, en las que utilizan sus extremidades con forma de aleta para nadar a gran velocidad.

Sin embargo, físicamente, lo más interesante de los kappas es que en lo alto de la cabeza tienen una cavidad parecida a un plato. Esta oquedad está llena de agua y es la que, al parecer, le proporciona sus poderes sobrenaturales (que, por lo visto, no son pocos); por este motivo, si el líquido se derrama o evapora,

pierden sus poderes y se debilitan, llegando incluso a morir.

Nos encontramos con un yokai peligroso y agresivo, que suele ejercer de personaje malvado en los cuentos tradicionales japoneses. Las leyendas cuentan que el kappa provoca la caída de quienes navegan en los ríos y los ahoga para devorarles la carne y las entrañas; luego les saca la Shiriko-dama, una bola que se piensa esta ubicada cerca del ano y que le otorga una energía especial (en este punto, muchos especialistas han visto una clara relación con el mito vampírico). También se le atribuyen otros actos menos peligrosos y más “gamberros”, como tirarse fuertes flatulecncias y espiar a las muchachas mientras se cambian de ropa (¡picarones!). Además de carne humana (especialmente la de niño) les gusta mucho el sake, los pepinos y el sumo (hay gustos pa to, que diría El Gallo).

Malvados sí. Peligrosos, también. Pero también tienen sus cosas buenas, pues son curiosos y les gusta espiar a los humanos (especialmente a las jovencitas); entienden y pueden hablar japonés, lo que les permite, en ocasiones, relacionarse con humanos (siempre que puedan obtener beneficios). Además, pese a ser fantasmas, los kappa respetan el código de conducta nipón y son extremadamente educados. Esta cortesía supone una ventaja para los humanos, pues proporciona un sencillo sistema para escapar de sus garras: si se le hace una reverencia, él estará obligado a devolverla, con lo que se le caerá el agua de su calva y perderá temporalmente sus poderes.

Sin embargo, pese a que la mitología nos dice que se trata de un ser peligroso, los niños japoneses adoran a este ser, siendo muy habitual en los cómics (manga) y dibujos

animados japoneses (animé), cuentos infantiles, literatura

tradicional, películas, videojuegos... Este extraño hecho puede estar debido a que últimamente su imagen popular va cambiando, alejándose de la imagen del kappa feroz y apareciendo cada vez más

como un ser tierno y cariñoso que protege la Naturaleza de aquellos humanos que quieren destruirla.

Es decir, en los últimos años, el kappa ha pasado de bestia parda a hippy ecologista. ¡Y es que el que no se renueva es porque no quiere!